| 24 de marzo |
| ¿SOY NORMAL?. CRITERIOS DE SALUD SEXUAL. | |||
| Hasta hace poco tiempo, la salud sexual se decidía desde la moral. De tal manera que una conducta era sexualmente sana si moralmente era aceptable, e insana o degenerada si no coincidía con los criterios morales. Como reacción a esta presión, y con la liberalización de las costumbres, se ha llegado a pensar que “todo está bien si quien lo realiza disfruta con ello”. Esta forma de verlo, no es más que otra forma de moral, esta vez individualista, donde se toma a la persona como medida de todas las cosas. |
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| Los criterios que rigen la salud, han de crearse al margen de la moral, local o temporal, y han de orientarse para considerar sano, aquello que proporcione bienestar psicofísico a las personas, parejas y grupo social en el que se integran. | |||
| Los sexólogos se sirven de cinco criterios para valorar una conducta sexual como saludable o como problemática: 1. El criterio estadístico. Existen actitudes mayoritarias, y otras que no lo son. Que una actitud sea mayoritaria dentro de una sociedad, no implica que sea una actitud sana, por ejemplo fumar. Y por el contrario una actitud minoritaria no implica que sea insana, por ejemplo practicar deporte regularmente. Es posible que las personas que tengan prácticas sexuales minoritarias, se sientan presionadas por la mayoría, y es en este marco donde este criterio adquiere valor. |
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| Ya que la forma en que el grupo acepte o rechace esa conducta influirá en la persona que la práctica. 2. La Moral social dominante. Los criterios morales dependen de creencias e intereses, que en ocasiones no coinciden con lo que resulta saludable. El valor de este criterio es, como en el caso anterior, indirecto. Tenerlo en cuenta ayuda a comprender por que algunas personas se sienten culpables cuando realizan determinadas conductas, teniendo dificultades psicosociales. El caso de la masturbación ilustra este criterio, por un lado es moralmente reprochable, sobre todo para las personas con pareja, sin embargo, estadísticamente es una conducta muy frecuente. 3. La valoración subjetiva. Es la que cada persona hace de si misma, es un criterio muy importante, ya que no puede haber salud en contra del sentir. Pero es insuficiente, ya que la desinformación, o el miedo pueden hacer que actitudes objetivamente saludables se vivan con asco o culpa. Por lo que abría que analizarlas para sustituirlas o encontrar la causa que producen esta reacción. La sexualidad es especialmente vulnerable si la persona no acepta lo que hace o lo que le imponen hacer. En algunos casos llega a defenderse con la aparición de disfunciones sexuales. 4. El grado de satisfacción o sufrimiento de la pareja. Explicado de manera sencilla sería: las conductas que satisfacen a los dos miembros de una pareja son saludables, y las conductas que producen sufrimiento, insanas. Aquí se tiene en cuenta el efecto que una conducta produce en otro, pero aún así es insuficiente. Por supuesto que los criterios subjetivos y de pareja son fundamentales e imprescindibles, pero pueden estar mediatizados por multitud de factores que no aseguran por si mismos que la pareja opte por conductas saludables. Muchas parejas aceptan con naturalidad que la mujer no tenga orgasmos o incluso, no disfrute del sexo, en este caso lo acordado por la pareja, podría no ser sano. 5. Los conocimientos sexológicos. A pesar de que los conocimientos sexológicos son limitados y cambiantes, se conoce bien la respuesta sexual humana, que permite evaluar las conductas. Desde el punto de vista sexológico, conductas como la relación entre niños y adultos, no se pueden considerar inocuas, incluso aunque exista consenso por parte de la pareja, ya que está demostrado que con frecuencia tendrán consecuencias traumáticas. Este criterio puede parecer opresor, como una forma de pseudomoral científica, por lo que solo puede ser usado cuando estemos seguros de que tales conocimientos científicos están sólidamente avalados. En caso de duda deben primar los dos anteriores. En todo caso, este criterio debe usarse siempre a la vez que el subjetivo y el de pareja, porque si se pretende favorecer el bienestar, no puede hacerse contra los sentimientos y juicios de las personas implicadas. El profesional debe tener una actitud abierta, hacia las diferentes formas de vivir la sexualidad, siempre que no se creen contradicciones insalvables con los criterios de salud. Los profesionales no son moralistas, policías ni jueces, por lo cual hay cosas que no son de su competencia. Fuente CRITERIOS DE SALUD SEXUAL. Manual de sexualidad en atención primaria J.C. Olazábal, C. Marcos V., F. López S., A. Fuertes M. |
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